El bebé tiene dos meses y ella se
está deprimiendo . Dice que su tiempo ya no es su tiempo. No puede ir a la
depiladora ni a hacerse las manos todas las semanas. Así que ahora al bebé lo va a
cuidar la abuela a la mañana y el resto del día, el jardincito maternal . Así ella
puede dormir la siesta e ir de compras. Le encanta comprar. Sobre todo ropa y
tecnología. Organizar vacaciones y cenas con amigos. Antes me daba pena mi contador . Mauro es un buen hombre, le
va bien en la consultora. Es inteligente y hasta más o menos buen mozo. Siempre
creí que estaba enamorado de ella. Pero se ve que los años me hacen más empática
con algunas cosas , menos tolerante con otras y más realista sobre todo. No hay
amor ahí. Hoy lo pude ver y me impresionó mucho. Ella quería casarse con el
contador, tener tres hijos y vivir en un barrio cerrado. Tener una chica con
cama y no hacer nada. Ahora ya puede descansar. El quería un apellido, un lugar
en la sociedad. Una esposa y también tres hijos y una casa en un barrio cerrado. Pasarla más o menos bien. Tampoco le importa mucho ni se plantea ser un buen esposo o algo parecido a la monogamia. No deja títere con cabeza
en el estudio. La mayoría de las nuevas socias o clientas o secretarias han
pasado por su escritorio. La tilinga lo sabe y tampoco le importa. A fin de cuentas ¿
con quien duerme a la noche y con quien pasa Navidad? Ella a veces se
entretiene con el paseador de perros y la he visto ponerse brillito en los
labios antes de ver al pediatra. Antes Mauro me daba pena. Le veía otras
posibilidades. Parecía tener otros intereses y otra riqueza interior. .
martes, 26 de abril de 2016
lunes, 25 de abril de 2016
La tilinga (I)
…del barrio cerrado de Tigre. Se
casó con el que alguna vez fue mi contador. Tenían dos hijos y acaban de tener
otro. En realidad hace dos meses, pero ya le está buscando jardín maternal.
Esta tarde nos encontramos y me contó exultante sus últimos años. Ella cree que
somos una especie de amigas. Yo me limito a escucharla más que nada, para
después escribir esto. Hoy recordábamos la última vez que nos cruzamos en un
viaje a Río. Claro, cómo vamos a ser amigas si estamos en las antípodas… Ella
quería ir a un shopping de compras y yo preferí quedarme corriendo en la cinta
en un piso veinte frente al océano al atardecer. Para después ir al sauna,
dormir una siestita e ir a cenar. Ella comentó que yo era rara ,que cómo iba a
dormir a esa hora , que el shopping iba a cerrar. Ella tomaba solo champagne y
quería ir al restaurant que fueron los Rolling Stones . Yo me fui a caminar por
la playa con unas papas fritas y una caipirinha de recuerdo por cada barcito
que pasé. Ella quería subir y bajar rápido del trencito que va al Cristo
redentor para ir a un tenedor libre y a
sacarse selfies a no se qué isla. Yo quería subir y bajar caminando del cerro y
que me llevara todo el día. Así y todo, parece que a la tilinga le quedó un
recuerdo de ese viaje como si fuéramos Thelma y Louise. Lo que más recuerdo de ella en ese viaje era su
impaciencia por entrar al free shop. Quería comprar golosinas y juguetes para que
sus dos hijos llevaran al colegio. Pero que en Argentina no hubiera , para que
todos los envidiaran. Esas fueron sus palabras. Para la tilinga la envidia es
un sentimiento halagador y constructivo.
domingo, 24 de abril de 2016
Para qué (II)
Escribo (II)
Sin ganas. Para justamente,
tenerlas. Recordar lo bien que se sentía y volver a hacerlo. Escribir en la
cama. Mientras escucho la lluvia y la sonata número catorce de Beethoven, Moonlight. Cuántas situaciones desgraciadas
y sin amor tuvo que pasar para, sin embargo, crear algo tan bello. El arte es
así. Los artistas son así. Son personas comunes que sienten las mismas
emociones que sentimos todos. Pero tienen un don que les permite trascender
ese barullo mediante una especie de alquimia o magia y convertirlo en algo que
permanece vivo. Sin importar cuántos siglos pasen y cómo cambie el mundo, aquello que emociona y
resuena en los corazones sigue siendo lo mismo.
Escribir para no estallar en
cinco mil cuatroscientos setenta y cinco pedazos . De impotencia y de malestar.
Para no putear en todos los idiomas. En los universales, los oficiales y los
más hablados. Escribir para que la realidad inevitable no abrume. Para ver si
encuentro algún consuelo en mi que nadie más puede dar. Para encontrar algo de coherencia y
sentido. Escribir para colgarme de un hilo invisible que trascienda todo. Para
ver que no hay nada tan fantástico ni tan
tremendo. Aunque ni yo me crea lo que escribo. Para aceptar que no sé cómo va a
estar todo. Que vuelvo a tener un millón
de preguntas , de dudas y de miedos. No tengo todas las respuestas. No sé que
hay por delante. Lo único seguro ahora es mi inquietud, este teclado, la lluvia
y la música de Beethoven.
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