Para ordenar las ideas. Organizar
los recuerdos. Separar lo real de lo ilusorio. Para decantar una escala de valores.
Reafirmarla o modificarla según resulte obsoleta o cooperadora. Para respirar. Escribo
para volver a encontrarme. Para saber quién soy. Y quien quiero o no llegar a ser. Para
alumbrar los límites, las líneas que no se cruzan. Para desandar un camino.
Desempolvarlo. Desmenuzarlo. Entender y avanzar de manera diferente.
Intrépida, aunque segura. También escribo para desandar el camino que no se entendió. Algunas cosas no tienen
explicación. Solo resta dejarlas ir. Para luego, un luego muy extenso tal vez…poder
escribirlas. Escribo entonces para liberar. Cortar los hilos de todo lo que pese para que el
corazón se torne más liviano. Y los recuerdos, organizados sí, queden solo en
las letras.
lunes, 12 de diciembre de 2016
Para qué (III)
Escribo (III)
lunes, 5 de diciembre de 2016
Magia del Fausto de Goethe
Magia que se vende. Que se compra
y se paga. Magia de pantallas gigantes y de tecnología. Magia que da paz. Magia
de fiestas y amigos ocasionales. O de siempre, pero muy ruidosos. De relojes de moda, vestidos caros y falso
glamour. Magia de armonía. Magia de viajes y vacaciones. De playas y
jardines con pileta. Magia propicia para el amor. De casas en barrios cerrados.
De hijos para llenar la libreta de familia. De hijos en guardería porque no hay
tiempo para atenderlos. Magia que da
calma. Magia de mucho ruido para esconder silencios vacíos. De espejitos
de colores. Magia que da tranquilidad. De dinero y lujos. Magia espléndida para
determinar con quien compartir la vida. La cama. Los sueños. Los miedos. Magia
de comodidad. De mutuo oportunismo conveniente. Magia que guía al amor. Aunque vende el alma al
diablo. Que intercambia amor por seguridad de una vida mundana, liviana y vacía. Magia comercial. Que se vende, se compra y se paga. Y cuesta.
viernes, 4 de noviembre de 2016
Aprender
De
nosotros mismos a través de las nuevas circunstancias. Dejar las rutinas que
nos son familiares puede darnos un poco de miedo. O mucho. Hacernos sentir
perdidos y pequeños. Como un barquito en
medio de un océano. Quizá si nos dejamos fluir, nos abrimos a los nuevos
comienzos, nos demos cuenta que toda nuestra vida nos ha ido preparando para
esto que ahora empieza. Entonces aumentemos la confianza y energía para disfrutar
del proceso y todo lo nuevo que vaya viniendo. Oportunidades y experiencias.
Puertas que se cierran y quedan atrás. Puertas que se abren por las que debemos
transitar. Con fe y gratitud, pero sin forzarlas. Como jugando un poco. Como
algo natural. Hasta con diversión y relajación. Permitiendo una mayor afluencia
de ideas, energía, conexiones espirituales y guías para actuar. Inspiración para contemplar la vida y dejar que los deseos del alma se vayan
descubriendo y manifestando.
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