jueves, 13 de julio de 2017
miércoles, 12 de julio de 2017
Inspiración
Atraer la belleza exterior al
corazón. Transformarla mediante una inspiración que pareció despistarse. Perderse,
marearse, hasta casi dejar de existir. Pero sigue estando en algún lugar aunque por un tiempo no parezca. Y vuelve a infundir en el ánimo ideas, composiciones artísticas bajo cualquier nombre. Para devolverlas entonces
al universo que prestó tanta gracia y un montón de maravillas, si se ha sido capaz
de percibirlas. Llenarse de aire nuevo. Concentrarse demasiado en algo, puede hacer
perder la visión del resto. Respirar y fluir. Recuperar esa visión cosmogónica.
Encontrarla en el romper de una ola en una noche de luna llena. En el sonido
del mar en el más absoluto silencio. En las chicharras siesteras de verano. En
los brotes de las plantas y árboles en agosto, presagiando la primavera. En los
colores que tenían las flores hoy, después de tanta lluvia. En los abrazos amigos
que escuchan y sostienen, sin interés personal ni oportunismos. Y al mismo tiempo esperan, porque saben que se va a llegar. Encontrar belleza aún en el dolor. Amor en el
sufrimiento y también en el miedo. ¿No es el amor que mueve todo y está en
todos? Si cada ser humano lleva consigo el germen de la chispa divina, todos
somos capaces de generar, inspirar, dar, recibir y aceptar amor. ¿No es eso un
milagro? Hasta en las situaciones más tenebrosas o difíciles. O precisamente
ahí, es cuando más se notan los destellos de luz y las personas que hacen la
diferencia. Y no importa nada más.
viernes, 7 de julio de 2017
lunes, 26 de junio de 2017
Estar presente
En la realidad. Sin tratar de
entender el ayer. Sin pensar cómo será mañana. Disfrutar de la música que estoy
escuchando ahora y de mi té de jazmín y menta. No apurarme a terminar mi diario
como pretendí en algún momento. Le quedan pocas páginas antes de empezar el
próximo. Escribir con todos los colores y detalles que me plazca. Elegir la
pluma. Disfrutar estos últimos detalles. Hasta puedo garabatear pequeños
dibujos en los márgenes. O pegarle una linda hoja de otoño color granate. Así
me queda un recuerdo más vivo de estos días. Me toquen alegrías o tristezas. No
desestimar las primeras y tampoco rehuir o apurar las últimas. Aprender a
aceptar y celebrar cada cosa como se presente. Sea una lágrima o una risa. No
apurarlas aunque tampoco estirarlas. No es sencillo, pero es sabio, creo. Que
si termino de incorporar esto, habré vuelto a encontrar mi paz, mi equilibrio y
mi armonía.
sábado, 24 de junio de 2017
Las hojas no se caen - José María Toro
"Siempre me ha parecido espectacular la caída de una hoja.
Ahora, sin embargo, me doy cuenta que ninguna hoja “se cae”, sino que llegado el escenario del otoño inicia la
danza maravillosa del soltarse.
Cada hoja que se suelta es una invitación a nuestra predisposición al desprendimiento.
Las hojas no caen, se desprenden en un gesto supremo de generosidad y profundo de sabiduría:
la hoja que no se aferra a la rama y se lanza al vacío del aire sabe del latido profundo de una vida que está siempre en movimiento y en actitud de renovación.
La hoja que se suelta comprende y acepta que el espacio vacío dejado por ella es la matriz generosa que albergará el brote de una nueva hoja.
La coreografía de las hojas soltándose y abandonándose a la sinfonía del viento traza un indecible canto de libertad y supone una interpelación constante y contundente para todos y cada uno de los árboles humanos que somos nosotros.
Cada hoja al aire me está susurrando al oído del alma
¡suéltate!, ¡entrégate!, ¡abandónate! y ¡confía!.
Cada hoja que se desata queda unida invisible y sutilmente a la brisa de su propia entrega y libertad.
Con este gesto la hoja realiza su más impresionante movimiento
de creatividad ya que con él está gestando el irrumpir de una próxima primavera.
Reconozco y confieso públicamente, ante este público de hojas moviéndose al compás del aire de la mañana, que soy un árbol al que le cuesta soltar muchas de sus hojas.
Tengo miedo ante la incertidumbre del nuevo brote.
Me siento tan cómodo y seguro con estas hojas predecibles, con estos hábitos perennes, con estas conductas fijadas, con estos pensamientos arraigados, con este entorno ya conocido…
Quiero, en este tiempo, sumarme a esa sabiduría,
generosidad y belleza de las hojas que “se dejan caer”.
Quiero lanzarme a este abismo otoñal que me sumerge en un auténtico espacio de fe, confianza, esplendidez y donación.
Sé que cuando soy yo quien se suelta, desde su propia
conciencia y libertad, el desprenderse de la rama es mucho menos doloroso y más hermoso.
Sólo las hojas que se resisten, que niegan lo obvio, tendrán que ser arrancadas por un viento mucho más agresivo e impetuoso y caerán al suelo por el peso de su propio dolor."
Ahora, sin embargo, me doy cuenta que ninguna hoja “se cae”, sino que llegado el escenario del otoño inicia la
danza maravillosa del soltarse.
Cada hoja que se suelta es una invitación a nuestra predisposición al desprendimiento.
Las hojas no caen, se desprenden en un gesto supremo de generosidad y profundo de sabiduría:
la hoja que no se aferra a la rama y se lanza al vacío del aire sabe del latido profundo de una vida que está siempre en movimiento y en actitud de renovación.
La hoja que se suelta comprende y acepta que el espacio vacío dejado por ella es la matriz generosa que albergará el brote de una nueva hoja.
La coreografía de las hojas soltándose y abandonándose a la sinfonía del viento traza un indecible canto de libertad y supone una interpelación constante y contundente para todos y cada uno de los árboles humanos que somos nosotros.
Cada hoja al aire me está susurrando al oído del alma
¡suéltate!, ¡entrégate!, ¡abandónate! y ¡confía!.
Cada hoja que se desata queda unida invisible y sutilmente a la brisa de su propia entrega y libertad.
Con este gesto la hoja realiza su más impresionante movimiento
de creatividad ya que con él está gestando el irrumpir de una próxima primavera.
Reconozco y confieso públicamente, ante este público de hojas moviéndose al compás del aire de la mañana, que soy un árbol al que le cuesta soltar muchas de sus hojas.
Tengo miedo ante la incertidumbre del nuevo brote.
Me siento tan cómodo y seguro con estas hojas predecibles, con estos hábitos perennes, con estas conductas fijadas, con estos pensamientos arraigados, con este entorno ya conocido…
Quiero, en este tiempo, sumarme a esa sabiduría,
generosidad y belleza de las hojas que “se dejan caer”.
Quiero lanzarme a este abismo otoñal que me sumerge en un auténtico espacio de fe, confianza, esplendidez y donación.
Sé que cuando soy yo quien se suelta, desde su propia
conciencia y libertad, el desprenderse de la rama es mucho menos doloroso y más hermoso.
Sólo las hojas que se resisten, que niegan lo obvio, tendrán que ser arrancadas por un viento mucho más agresivo e impetuoso y caerán al suelo por el peso de su propio dolor."
Etiquetas:
Belleza,
Elegancia,
Escritores,
libros,
Vida
miércoles, 21 de junio de 2017
martes, 20 de junio de 2017
Autocrítica: batallas
¿Cuáles estoy librando? Si se vuelven muy costosas; ¿tienen
sentido, cuál es su propósito? Tendría que encontrar su razón y los obstáculos que tengo en el
camino. Por momentos no basta sólo fluir, sino crecer. Esas fallas o defectos con toda seguridad sean
algo de lo que tengo que aprender. Para
vivir más simple, más feliz, más liviana. Esas debilidades más que una preocupación u
objeto de desánimo deberían ser un estímulo, ya que significa apuntar más alto.
Tratar de mejorar. ¿Cuál es el enemigo que realmente estoy tratando de vencer?
Si existe, lo tomo con agradecimiento. Importa darme cuenta en qué parte del
plan es que me perdí y se me escapó la armonía. Si reconozco las virtudes que
más admiro en otras personas, o los defectos que me producen mayor rechazo, seguramente veré aquello de lo
que carezco o necesito trascender. ¿Como el desapego? Solo se nos arrebatan las
cosas que no queremos entregar. Decidirlo con el intelecto es más fácil. Sentirlo desde el alma y llevarlo a la práctica, no tanto.
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