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martes, 29 de marzo de 2016

Cartas. Hoy



1. Las cartas de vida son regalos. No se piden ni se esperan. Se leen con los ojos entrecerrados para ver mejor. Reposan debajo de la almohada. Guían. Alumbran. Clarifican. No sólo para un momento, sino para varios. 

2. Las cartas comunes sí se esperan, aunque tampoco se piden. Se esperan aunque no lleguen. Y se mueran con la ausencia. Nacidas de la costumbre, un día pasaron de moda. Ya no son esperadas ni buscadas. No son. No van a llegar porque nunca fueron escritas. Las palabritas sueltas que quedaban se dispersan y se esfuman en el vacío. 

3. El día entero fue como un asunto que no terminó de arrancar. Ni verano ni otoño. Anita Klein se fue a dormir con su camisón bordado y bajo la almohada, las cartas de Pedro que no combinan.  Su prosa es  descuajeringada, destripada, deslucida. Sin mucho arte. Algo cautiva en la combinación que no combina. ¿Será que es más real?

sábado, 26 de marzo de 2016

Personajes: Anita Klein



Se me parece, pero no soy yo. Ella es más cautivante, segura  y chispeante. Tiene sí, sueños como los míos, miedos , alegrías y tristezas. Mi mejor y mi peor versión. Es como un yo exacerbado y pintoresco. Mi personaje más querido. Algunas personas sueñan en colores. Ella lo hace en French script de letras doradas. Aunque según la intensidad puede alternar entre un gothic style y cursiva inglesa. Es mucho más ordenada que yo en algunos aspectos y más caótica en otros. También más flexible.  Escribe mucho y a veces mal aunque nadie puede decir que no lo haga con verdad. Su prosa suele ser desaliñada. A menudo inventa palabras que no existen para la Real Academia Española pero sí para ella.  Tiene un gusto particular por algunas ramas del arte. Le gusta la música de Beethoven, Strauss y Brahms . Los vestidos de corte del siglo diecinueve y los de 1920 con puntillas, encaje y mucho glamour en la caída.  Le encanta que la comparen con Virginia Wolff y Jane Austen, por su feminismo bien entendido y sus ideales románticos. Solo por eso, claro está.

lunes, 19 de octubre de 2015

Historias



Ana cuenta historias desde siempre. Incluso cuando no sabía escribir, inventaba cuentos con los dibujos de los  libros para colorear mientras su madre oficiaba de escriba. Lo necesita para vivir. Para respirar. Para pensar y repensarse. Si está muy sobrepasada de emociones, no puede ordenar un párrafo con sentido.  Pero igual aprovecha ese tiempo para nutrirse de otras cosas. Estando  atenta, observando, escuchando…Trata de no perderse de nada y de  aprehender experiencias nuevas que le permitan trascender ese momento pasivo. Cuando se pierde es que se quedó sin herramientas frente a una situación nueva.  O porque tiene miedo. En el último tiempo conoció  personas con hábitos e intereses muy distintos, pero todos con algo en común: encontrar un sentido de trascendencia para la propia vida, con esperanzas y desesperanzas. En eso resulta que todos nos parecemos.
Pedro no escribe, pero cuenta historias a su manera. Su arte es otro. Cuando le preguntó a Ana qué escribía ella, o mejor dicho qué era lo que más le gustaba escribir, ella le contestó que recopila y guarda historias en un cuadernito que siempre lleva consigo. No las desarrolla ahí, las va anotando  como titulares para luego hacer una historia con cada una. Pero últimamente  no le sale. No sabe por donde empezar. El se sonrió, luego de dos horas y tres cafés y muy pausadamente le dijo:” No colecciones historias. Coleccioná amores. Las historias llegan solas . Ni siquiera vas a tener qué pensar por donde empezar porque van a hablar por si mismas.” Así que ahora Ana anota en su cuadernito historias  de amor. Todas las que se va acordando y merecen ser contadas. ¿Todas las historias de amor valen la pena? ¿O es mejor dejar alguna en el olvido?
La segunda tarde de cafés fue no en uno notable de Buenos Aires, sino en uno chumingo y olvidado en una esquina.  Pedro  preguntó quienes iban a ser los personajes y qué finales iban a tener. Ana no escribe policiales, ni terror, ni adscribe a algo moderno, disruptivo, atrevido o irreverente. Todo lo contrario. Es romántica. Contestó que todos sus personajes iban a ser luminosos de alguna manera, con amores apasionados e incandescendentes.  A lo que él respondió que en literatura estaba bien , pero que en la vida real los buenos no siempre tienen finales felices. Y es una verdad universalmente conocida, agregó.