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martes, 14 de marzo de 2017

Anfítrita



Teniéndolo  todo y más de lo que hubiera soñado, se dio cuenta de que no tenía nada. Quiso dejar espacio para que su brillo y su frescura volvieran a aparecer. Entre susurros de miedo sin nombre, huyó justo antes de su boda con Poseidón. Los silencios le hablaron y su corazón quedó embriagado de libertad. Sus dones y su belleza se habían  tornado obsoletos. Ya no le interesaban ni podía nadar en ellos. Como si fuera otra ninfa, pero no de su mar. Quiso dejar espacio para el misterio alejándose del desgano, la seguridad y la comodidad que le daba ser la esposa del dios griego del mar.  Los espacios vacíos suelen ser necesarios para permitirse ser lo que uno es. Dejó de llenarse con cosas que creía que necesitaba. Que le quitaban paz, aunque nadie lo notara.  Ni siquiera Poseidón.

Pero fue traída de vuelta por un delfín. Entonces aceptó sin comprender, sin esperar y sin especular. Cambiaron sus enfoques y  prioridades. A qué le dedicaba su tiempo y de qué manera.

Anfítrita viaja sobre las olas como Señora de los Mares, montada en una carroza. El delfín fue condecorado en el cielo en forma de constelación

miércoles, 8 de marzo de 2017

Deseos



Un manto suave que me cubra para dormir. De terciopelo azul con estrellas pintadas que reflejen el cielo de esta noche. Que me iluminen y potencien el brillo que cuesta encontrar.  Y en la parte interna ostente  rosas rojas que se me peguen en la  piel. Que reaviven mi fuego. Aunque encendido, sigue  tibio y no llega a crepitar.  Un manto que me arrope y me cuide los sueños. Los de la noche y los del día de mañana. Para que entonces  los fantasmas aún vivos y los muertos que todavía siguen dando vueltas, se suelten para siempre. Como los amores desafortunados y pesados que ya no se pudieron cargar. O las concepciones a destiempo y faltas de amor. 

Deseos de liviandad y fluidez. De sanación natural, eso es seguro. Tal vez  con un cristal de Venus de tres pulgadas de largo y tres de ancho. O tres varas de avellano que sirvan para encontrar magia y señales en todo. Para poder ver bien el camino nuevo. Con los ojos limpios y claros y una mente lúcida y despierta. En una mañana radiante y creativa que me encuentre mirando hacia el Este.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Amar en la noche de los tiempos



Y con lluvia. El sortilegio de Venus cobra vida y libera. Quita peso. Desafía confusiones y costuras dobles. Hace a un lado incertidumbres y sombras hilvanadas. Casi sin querer, como sin darse cuenta. Afloja cintas de seda, nudos y pesares. Desarma puntillas antiguas y nuevas amalgamadas. Descose una por una, todas las perturbaciones. Los broches, encajes y miedos. Suelta y embruja botones, sueños y suspiros. Un solo vestido que atesora risas y lágrimas. Emociones urdidas entre hilados de color rosa y bermellón. ¿Quién lo puede testimoniar? Una mesa y un árbol. Las rosas, las acacias y los jazmines. Todos enmudecieron de asombro por igual. En ese instante, que nadie sabe cuánto duró, el universo contuvo la respiración. La noche de los tiempos terminó en una madrugada de lluvia, entre un vestido y esos hilos de color rosa y bermellón.