Todos los escritores nos
parecemos en algo y tenemos nuestras propias particularidades. Conocer por qué y cómo otro escribe, es como mirar un
poco por una ventana, así como al descuido. El poeta patagónico parece un buen
tipo. Sin complicaciones. Es solitario y
se lleva bien con los silencios. Dice que sus escritos van a llegar a quien le
tengan que llegar en el momento adecuado. Disfruta sacando fotos de los cielos
y de las nubes sobre el mar. Cuando uno puede mirar un horizonte infinito, la vista se ensancha, se
expande. Se ve un poco más allá. Se conecta con la verdad misma del universo. Al
escritor del sur no le gustan las esperas ni las muertes. Ve la escritura como una
expresión artística. Y el acto mismo de
escribir como un estado de gracia y de pureza. Desconfía de aquellos que escriben
con el corazón. Según él, cuando gana la pasión se pierde objetividad. En eso
no nos parecemos. Cuenta que se enamoró a primera vista de Alejandra, de sus
poemas. Porque lo hacían sentir menos solo, en medio de vientos muy pero muy fuertes.
Ama los bares y los cafés de bar. En eso sí nos parecemos. Espera deslumbrarse
con “La poesía", en San Telmo y me pide que admita que ese bar ya es mío. Yo,
por supuesto, no me quejo.
miércoles, 5 de octubre de 2016
martes, 4 de octubre de 2016
Belinda
Es mi hada madrina de verdad.
Ciudadana de este planeta Tierra. Una de las personas que más entiende mi obrar
y mi sentir. Me acompaña, me guía, me cuida. Conoce prácticamente todo de mí.
Lo más luminoso y aquello de lo que soy capaz. Mis luces escondidas que, con
mucha paciencia, trata de sacar a relucir. Conoce también mis debilidades. Mis
miedos. Inseguridades. Autosabotajes. Qué me hace sentir muy vulnerable y no me
gusta. Con qué bastoncitos me voy sosteniendo. Qué no me puede faltar. O que me
desestructura. Creo que incluso todo esto hace que me quiera más y a esta
altura, que me haya terminado adoptando, como ella dice. Es lindo que alguien conozca
todo lo peor de uno ( o por lo menos lo
que uno considera como peor) y no se escandalice. No juzgue. No critique ni
condene. O quiera imponer alguna receta mágica. Que si alguien las tiene,
seguro es ella. Solo me va ilustrando y dando herramientas para que siga mi
camino más luminoso. El que debe estar escrito en algún lado. Muy en el fondo,
eso todos lo sabemos, aunque a veces no lo queramos ver. Me hace ver las cosas
de otra manera, para que me despoje de patrones de pensamiento obsoletos. De
estructuras mentales viejas y gastadas. De todo lo que impida avanzar. No es
nada sencillo, hasta suele ser muy incómodo. Cada tanto le mando mensajes de
S.O.S. pidiendo una buena dosis de polvo de estrellas. Es que lo desconocido da miedo. La inseguridad
no es cálida, ni acogedora. Pero a veces es necesaria. ¿Sería bueno
acostumbrarse y empezar a verla como una
aliada? ¿Asumir los riesgos como sinónimo de aventura? O de cruzarme con lo inesperado. De dejar
espacio para sorprenderme. De confiar en los sueños y en la intuición. Y pensar
con el corazón. O sea, más limpio, menos rebuscado. Más concreto y real. De
algún modo, él sabe mejor cómo llegar a donde quiero ir.
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Magia,
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Vida
domingo, 2 de octubre de 2016
Ni con las salamandras
Una mañana cualquiera el espíritu
se renueva. Otro tiempo nace. Suelta lo que se estuvo yendo solo. Lo que no
quiso ser. Suelta desde la necesidad que trae paz. Casi como por decantación. Movimientos que se acallan. Promesas de fuegos
que no llegaron a arder. Que se fueron
apagando solos. Por falta de aire, de motivación o de decisión. O simplemente
porque no tenían suficiente razón de ser ni mejor destino.
Dicen que las salamandras dan vida a setenta mil llamas por segundo. Para ello
utilizan antiguos conjuros de la época medieval. Muy pocas aprovechan la alquimia
de esta combustión espontánea e inexplicable y perduran a través de los tiempos. La mayoría
se apaga en un pálido y borroso intento que queda en el olvido.
Cambios que buscan otros aires. Otros
fuegos con chispas nuevas. Con mejores posibilidades. Sueños que aniden con
vuelo propio. Para cuidarlos. Dejarlos crecer y ver hacia donde quieren ir.
Para escribir con otras luces.
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