También llamada constelación del
carro o montaña rusa. El firmamento nocturno se ve abrumado algunas noches de
mayo en este hemisferio, por el movimiento de sus siete estrellas principales. Suben y bajan según sus
diferentes sustancias químicas, su seguridad o por el contrario, su falta de
confianza. Esto hace que el espectro de luz cambie según la rotación de cada
una de ellas. Y también según el efecto de gravedad. Parecen ir del drama a la
comedia. A veces se potencian y crean nuevas galaxias en forma de espiral. Y
otras tantas crean circuitos pesados insanos. Divierten tanto como asustan. Se
desconoce cuál será su próxima dirección, su próximo giro.
Hasta Ulises, según cuenta Homero en La
Odisea intentó en vano guiarse por
ella para volver a su hogar. Algunas veces se sentía ir volando y otras de pie
o sentado, inmóvil. Sin llegar a ningún lugar. Es tal la inestabilidad que
suscita esta constelación, que se hace necesario neutralizarla. Para ello, nuevas
estrellas son creadas que mantienen su forma y su lugar. Entonces siguen siendo
útiles para los viajeros, los astrónomos y los poetas. Y hacen que el carro
siga funcionando.
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jueves, 3 de mayo de 2018
viernes, 9 de junio de 2017
Espíritus de la tierra
La Madrecita cariñosa pertenece
al género de los gnomos, guardianes de la sabiduría de los espíritus y del
corazón. Es más vieja que la humanidad. Ha podido disfrutar el amanecer de muchos
tiempos, pero también ha sufrido la
extinción de los mismos. Cuida los misterios femeninos, a su manera. Conoce los
momentos justos y las ramas de la vida. Hila en cuevas subterráneas, tejiendo
la alfombra de la existencia. Aparece de la nada, cuando se presentan situaciones
nuevas, desconocidas , nunca antes vividas para un ser humano que no sabe qué
hacer ni cómo. Esas que pueden agitar o turbar. Se sienta junto a la
persona atribulada y pide signos de pureza en el corazón o alguna virtud
latente. Mira si esa persona está preparada para atravesar la puerta al próximo
nivel. Para poder librarla de todo peligro o riesgos. Si alguien la llega a ver, desaparece. Pero
luego vuelve a concluir lo que había comenzado: traer sosiego y calma.
Armonía y reposo. Ella es serena, compasiva y sabia. Reconoce a los seres
humanos, ve sus luces y sus sombras, pero no los juzga. Es la intermediaria
entre dos mundos: la sabiduría del corazón y las aspiraciones egoístas. Puede
poner pruebas a la fuerza y al valor. A veces solo son superadas con su ayuda, pues requiere entre otras cosas, buena disposición,
amor al prójimo, capacidad de sacrificio, respeto, compasión, confianza,
capacidad de compartir y disposición para servir a los demás. Pide llevar a
cabo tareas, que si son realizadas, da
por terminados los asuntos inquietantes y las molestias. En su lugar aloja paz y
tranquilidad. Ella conoce todas las formas de vida y tiene en sus
manos los hilos del destino.
martes, 14 de marzo de 2017
Anfítrita
Teniéndolo todo y más de lo que hubiera soñado, se dio
cuenta de que no tenía nada. Quiso dejar espacio para que su brillo y su
frescura volvieran a aparecer. Entre susurros de miedo sin
nombre, huyó justo antes de su boda con Poseidón. Los silencios le hablaron y
su corazón quedó embriagado de libertad. Sus dones y su belleza se habían tornado obsoletos. Ya no le interesaban ni
podía nadar en ellos. Como si fuera otra ninfa, pero no de su mar. Quiso dejar
espacio para el misterio alejándose del desgano, la seguridad y la comodidad
que le daba ser la esposa del dios griego del mar. Los espacios vacíos suelen ser necesarios para
permitirse ser lo que uno es. Dejó de llenarse con cosas que creía que
necesitaba. Que le quitaban paz, aunque nadie lo notara. Ni siquiera Poseidón.
Pero fue traída de vuelta por un delfín.
Entonces aceptó sin comprender, sin esperar y sin especular. Cambiaron sus
enfoques y prioridades. A qué le
dedicaba su tiempo y de qué manera.
Anfítrita viaja sobre las olas como Señora de
los Mares, montada en una carroza. El delfín fue condecorado en el cielo en
forma de constelación
jueves, 20 de octubre de 2016
Cura con las hadas del fondo del mar
Cuando un corazón se torna muy
pesado se va precipitando hacia el fondo del mar. Es recibido por las hadas que
allí moran y cuya misión es cuidar y sanar a los corazones fatigados. De hacer
y esperar. De amar . Agotados de dolores y descuidos. De desamor o apatía. Ellas intentarán
vaciarlo y devolverle la liviandad perdida. Para que vuelvan a andar con gracia y fluidez
en el mundo. Para que circulen en la tierra con libertad, con la misma sutileza
que ellas en las aguas. Es cierto que las personas no mueren de amor, pero sí
caen enfermas. No hay cura humana ni pócima celestial que pueda reparar un
corazón que enfermó de melancolía y tristeza.
El proceso comienza con nueve días
básicos pero nadie sabe cuando termina. Practican conjuros con velas celestes y lluvia
de arroz. Limpian toda la oscuridad anegada dentro del pobre corazón. Miedos
enquistados y pegajosos. Inseguridades
alquitranadas. Varias hadas se necesitan para quitar con cuidado una cantidad enorme de
agujas muy finitas, casi invisibles que se sienten en la piel y sobre todo en
la espalda cuando hay mucho miedo y dolor. Es en el corazón donde en realidad
se alojan, y es con paciencia y cuidado que allí también se desvanecen. El amor
no deseado o no correspondido, o sea, el que ya no trae felicidad alguna, se
arranca de una vez. No hay otra manera. En el momento se siente un poco que la
vida también se va de las entrañas. Esto puede durar un instante o un lustro.
Depende de las circunstancias por las que haya pasado, de la profundidad o
sacralidad de ese amor y de las
fortalezas innatas. O de si hay mucho desgano o cooperación. Lo cierto es que
finaliza el tiempo de pobres desesperaciones. De resignado abatimiento.
La cura es linda. Pero también
triste y duele como la muerte. El corazón queda vacío y desnudo. Despojado de
todo bien, de todo mal, de todo. Solo y quieto durante un tiempo. Hasta que
queda recubierto y protegido por una gruesa capa de luz dorada. Entonces sabe
que ya es tiempo de volver. Ahora puede estar seguro y firme. Dispuesto a
poblarse de belleza. De sueños desempolvados. De música de arpas y violines. De colores
vibrantes. A menudo desarrollan nuevos dones y habilidades, que por lo general tienen
que ver con el servicio o las artes.
Es frecuente que habiendo sido
curado el corazón, le falte coraje para regresar. Siga teniendo miedo y
recuerdos pasados . Entonces puede decidir no volver. Quedarse en el fondo del
mar y alivianar el peso de otros nuevos pobres corazones que vayan cayendo. O puede suceder también que dilate tanto su retorno que cuando al fin lo hace, ya
no encuentra lo de antes. Sus seres contemporáneos han muerto y se ve
forzosamente obligado a comenzar una vida nueva.
En todos los casos es necesario
albergar mucha fe, sueños nuevos y
crearse un entorno favorable para no volver a enfermar.
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