miércoles, 5 de abril de 2017
domingo, 2 de abril de 2017
Un matrimonio
Es más que una libreta de familia
a la que se le irán sumando los hijos concebidos. Es una convicción, un ánimo
de permanecer. Una apuesta de vida a largo plazo. En la que ella le irá a
alcanzar las pantuflas a él cuando su cabello se haya puesto gris por el innegable paso del tiempo,
sólo para consentirlo. Y le podrá leer con voz suave y pausada cuando la vista
sea escasa y forzada. Y en la misma visión ella tendrá incontables noches de
abrazos para dormir. De esos que sacan el miedo y arropan. De constelaciones
enteras vistas sin siquiera abrir los ojos. De conversaciones que aclararon el
espíritu, sustituyendo inquietudes espinosas por serenidad y luz.
Un hogar. El lugar preciso
donde aclarar confusiones para poder enfrentar el mundo con alegría y
fortaleza. Un refugio de paz para sanearse. Para incrementar el fuego y luz
internas. Curar los dolores, porque siempre queda alguno.
Tiempo para disfrutar de la propia libertad y potenciarla
al compartirla con quien se elige. Un bien que hace bien, que mejora.
Sorprende. Saca de las rutinas. De las aburridas y monótonas seguridades de la
ropa que uso o el auto que conduzco. O la linda casa en la que vivo. Esas
tranquilidades redundantes, pero que quitan riqueza vital. Da otras seguridades
del alma, inamovibles. Aunque se viva en un rancho. Hace pensar y crecer todos
los días. Aunque suene fatigoso, porque es fácil vivir sin pensar, como
autómata, sin decidir. Pero en realidad, que el amor cuestione y haga pensar es
como un bálsamo. Aparecen las respuestas inesperadas a las preguntas que ni
siquiera se animaron a asomar. Alivia.
Dos individualidades que acuerdan vivir juntas
en libertad, sin sentido de posesión. Entonces no existe el miedo a perder. Si
no tengo, no pierdo. Forman además un espacio en común. El amor es un acto de
devoción a otra persona: es un abandono total. Es darse y dejarse ir. Sin
especulaciones ni controles. Cuando uno ama, es sencillo. No se puede olvidar
durante el día a esa persona. Y las sensaciones del mutuo amor son la extensión
de una gran pasión, haciéndolas de una extremada realización y expresión.
El diccionario de la Real
Academia sin embargo no dice nada de esto. Apenas “unión de hombre y mujer concertada
mediante determinados ritos o formalidades legales”.
martes, 14 de marzo de 2017
Anfítrita
Teniéndolo todo y más de lo que hubiera soñado, se dio
cuenta de que no tenía nada. Quiso dejar espacio para que su brillo y su
frescura volvieran a aparecer. Entre susurros de miedo sin
nombre, huyó justo antes de su boda con Poseidón. Los silencios le hablaron y
su corazón quedó embriagado de libertad. Sus dones y su belleza se habían tornado obsoletos. Ya no le interesaban ni
podía nadar en ellos. Como si fuera otra ninfa, pero no de su mar. Quiso dejar
espacio para el misterio alejándose del desgano, la seguridad y la comodidad
que le daba ser la esposa del dios griego del mar. Los espacios vacíos suelen ser necesarios para
permitirse ser lo que uno es. Dejó de llenarse con cosas que creía que
necesitaba. Que le quitaban paz, aunque nadie lo notara. Ni siquiera Poseidón.
Pero fue traída de vuelta por un delfín.
Entonces aceptó sin comprender, sin esperar y sin especular. Cambiaron sus
enfoques y prioridades. A qué le
dedicaba su tiempo y de qué manera.
Anfítrita viaja sobre las olas como Señora de
los Mares, montada en una carroza. El delfín fue condecorado en el cielo en
forma de constelación
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