lunes, 19 de junio de 2017

The call - Regina Spektor

Para qué (V)


 Escribo (V)



Para ver qué falla en mi corazón. ¿Qué es esa inquietud que no cesa? En qué mi fortaleza flaquea. Por qué no encuentro mi fé, mi refugio mágico, mi inspiración, siento que todo eso perdí. Escribo para encontrar mi voz de verdades sin adornos. Para no ver el mundo con ojos ajenos, no pensarlo con ideas que me resultan ajenas. ¿A quién termino  falseando sino a mi misma? Escribo para buscar crecimiento espiritual. Y algún bienestar pequeño, el de todos los días. Para aceptar que  mi vida interior está cambiando y  pronto se reflejará en la exterior también. Para descansar de todo. De las indecisiones, las dudas, los torbellinos mentales y espirituales.  Para llevar tranquilidad a un corazón equivocado. Alejado  de la realidad que el universo manifiesta. Escribo para ver si me convenzo y aprendo  a ser más austera. ¿Madurez o resignación? ¿O ir contra la propia naturaleza? ¿Sirve el esfuerzo, o seguir las pulsaciones de un corazón agitado? ¿Qué es lo correcto entonces? Escribo para  sentirme menos vulnerable y perdida. Las situaciones nunca antes imaginadas pueden  quitar seguridad. ¿Es posible saber con certeza qué hacer en un camino nunca antes transitado?


Escribo para dormir más liviana.

sábado, 17 de junio de 2017

La duquesa (y su acto de amor más grande)




“Como se arranca el hierro de una herida, su amor de las entrañas me arranqué. Aunque sentí al hacerlo, que la vida me arrancaba con él” Gustavo Adolfo Bécquer


Es sencillo soltar aquello que nunca se quiso quedar. Lo difícil es tomar conciencia y decidirlo. Insano es conservarlo. Dedicarle escritura, tiempo, pensamientos, sueños y emociones. El amor es ciego y sordo hasta que deja de serlo. Desde un principio fue un amor unilateral de la duquesa hacia Sir William. Fragmentado. Él no hizo nada para fomentarlo. Por el contrario, la ha  desalentado cuanto ha podido aunque sin perder su gentileza característica. Pero el corazón de la duquesa es terco y apasionado, al punto de ser este el que decide antes que su cordura intelectual. Solo cuando se le hizo tan pesado este amor, sintió que era inútil sostenerlo. El amor es liviano, liberador. Trae paz y felicidad, aún en medio de dificultades. Es  recíproco. Sir William nunca iba a hacer nada, era evidente. Las expectativas siempre fueron nulas, inexistentes.  No se puede hacer lo que no se siente, lo que no nace con espontaneidad. Ratitos quebrados o partidos nunca iban a ser suficientes. La duquesa lo sabía. No sirve para eso. Recién ahí su corazón lo pudo desterrar. Como suelen hacerse estas cosas, de una sola vez. Sir William murió, y ella un poco con él. No habrá más cartas, ni más cuentos de sus aventuras en el condado. Ni pensamientos, ni tiempo dedicado. Hasta los espíritus que rondan los  sueños y la misma Reina Mab que a veces se cuela,  ya se dieron cuenta también y se tornaron  confusos, raros, indefinidos. O si son claros, pueden ser un poco tristes. Todavía quedan algunas páginas en blanco en el libro de la noble europea, pero ella ya querría terminarlo pronto y empezar otro. Más liviano, más luminoso. Capaz de  devolverle el brillo que se le fue perdiendo, no sabe bien cuándo ni en qué pueblo en el camino, pero se le  perdió. ¿Será cuestión de tiempo? El caballero del condado estará tranquilo, que ya no va a ser llamado ni en sueños. ¿Sería eso al fin, lo que él quería? Seguramente. Siempre lo hizo notar. Aunque un corazón enamorado ve lo que su ensueño le permite. La duquesa tiene un espacio vacío. De a ratos puede entristecer, pero comprende que es necesario. Ya se siente más liviana y en paz.  Sabe que de a poco, con el tiempo, todo va tomando su lugar. El vacío es necesario para que nazcan nuevas, buenas cosas. Amores, cuentos, personajes, luces. Pasiones, intereses, emociones nuevas. Desprenderse de aquello que no se quiere asir es un acto de amor. Pero sobre todo de amor con uno mismo.

 Y así ...termina esta historia de amor desafortunda de la duquesa y su Sir William.

viernes, 9 de junio de 2017

Espíritus de la tierra



La Madrecita cariñosa pertenece al género de los gnomos, guardianes de la sabiduría de los espíritus y del corazón. Es más vieja que la humanidad. Ha podido disfrutar el amanecer de muchos tiempos,  pero también ha sufrido la extinción de los mismos. Cuida los misterios femeninos, a su manera. Conoce los momentos justos y las ramas de la vida. Hila en cuevas subterráneas, tejiendo la alfombra de la existencia. Aparece de la nada, cuando se presentan situaciones nuevas, desconocidas , nunca antes vividas para un ser humano que no sabe qué hacer ni cómo. Esas que pueden agitar o turbar. Se sienta junto a la persona atribulada y pide signos de pureza en el corazón o alguna virtud latente. Mira si esa persona está preparada para atravesar la puerta al próximo nivel. Para poder librarla de todo peligro o riesgos.  Si alguien la llega a ver, desaparece. Pero luego vuelve a concluir lo que había comenzado: traer sosiego y calma. Armonía y reposo. Ella es serena, compasiva y sabia. Reconoce a los seres humanos, ve sus luces y sus sombras, pero no los juzga. Es la intermediaria entre dos mundos: la sabiduría del corazón y las aspiraciones egoístas. Puede poner pruebas a la fuerza y al valor. A veces solo son superadas con su ayuda, pues  requiere entre otras cosas, buena disposición, amor al prójimo, capacidad de sacrificio, respeto, compasión, confianza, capacidad de compartir y disposición para servir a los demás. Pide llevar a cabo  tareas, que si son realizadas, da por terminados los asuntos inquietantes y las molestias. En su lugar aloja paz y tranquilidad. Ella conoce todas las formas de vida y tiene en sus manos los hilos del destino.