lunes, 12 de septiembre de 2016

El príncipe azul a medida



En los últimos tiempos está circulando la creencia de que el príncipe azul es un mito. De que nadie es perfecto y este tipo de realeza particular no existe. Esta teoría es preocupante  y falsa. Es más cómodo quedarse con sapitos tiernos que andan revoloteando por los charcos y conformarse con eso. No querer más, no pretender más. No es de extrañar que las relaciones vinculares fracasen y se busquen distracciones de todo tipo. En fin, que la vida se transforme en un verdadero aburrimiento y hastío existencial. Ese sería el sinónimo de las relaciones superficiales y livianas para un ser romántico , apasionado y sensible. Es así. Sin un príncipe azul bien plantado, la vida es un tedio.

Para empezar, hay que definir términos. En los cuentos de hadas originales, los príncipes no eran perfectos. Eran hombres comunes que pasaban muchas pruebas necesarias en el camino y eso los convertía en virtuosos. Venían del propio reino de la princesa en cuestión (Blancanieves, Bella durmiente, etc), o  sea de su propio “yo” a traerla de vuelta, a despertarla a la conciencia. A despertar su alma. Llegaban en el momento perfecto, en el que tenían que llegar, ni antes ni después sino en el minuto exacto. Los que llegaban a destiempo, morían en el transcurso de las pruebas no superadas. Esto era  según la época del alma ,que nada tiene que ver con el calendario. Cuando se encontraban los dos, hombre y mujer, volvían a la realidad juntos. Y se formaban las leyendas. Así nacen los cuentos de hadas.

En la vida real este tipo de hombre no es el equivalente a un gran compendio de virtudes, hazañas recopiladas y perfección hecha carne. Eso es lo que no existe. El príncipe azul es diferente para cada una y uno solo perfecto porque es como un guante, calza justo. No se busca, se encuentra. Un poco por azar, por magia, o por fuerzas invisibles que entrelazan los destinos a su antojo. Es inobjetable, ineludible, incuestionable. O sea, no hay manera posible de esquivarlo. Se puede tardar más o menos tiempo, hacerlo con gusto o a regañadientes, pero se termina aceptando sin lugar a dudas. Porque nos hace confrontar con nuestras sombras. Saca a luz nuestra mejor parte, aún la que desconocíamos. Provoca admiración y cuidado profundo. Aunque él no se de cuenta. Con verlo actuar y escucharlo nos inspira a ser mejores. En bondad, en paciencia, en nobleza. En creatividad. Despierta tantos costados sensibles que todo lo artístico está a flor de piel. Brota a caudales. Da como cierto aire de alivio, de libertad, de no necesitar nada más. De una especie de amor desconocida y renovadora. Transformadora. Nos ilumina tanto que cualquiera que nos conoce, lo nota a nuestro paso.  No es esta una visión normal, aludiendo a común y corriente, claro está. Es eso precisamente lo que hace que sea él y no otro ni veinte más. ¿Cómo darse el lujo de cuestionar semejantes cosas? ¿Cuántas veces en la vida una persona puede vivir esta  gracia infinita y darse cuenta de ello?

Por supuesto que este príncipe no es etéreo, sino bien humano. Encima.  Es capaz de generar una gran pasión. La energía sexual es la fuerza más potente del universo. Conlleva el germen de la creación. El príncipe azul embriaga los sueños y el alma. Desborda el alba, las noches frías de agosto y las tardes de lluvia. Particularmente los  días de equinoccio y solsticio, cuando los seres elementales se encuentran más activos, esta tipología de príncipes hace trepidar hasta a la fémina más insensible.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Hadas madrinas



1/

Aparecen de muchas maneras en los cuentos populares de todos los  países. Hadas de la corte o hadas tejedoras de destinos de la Alta Edad Media. Pueden ser animales, el espíritu de un ser querido muerto o ancianas sabias.  Otras veces los espíritus de manantiales, ríos o montañas. Las hadas presentes en el bautizo son las preferidas de la mayoría de los  escritores de  cuentos.  Además de  las tres reunidas  junto a la cuna del recién nacido que escriben su camino y determinan el tiempo de su vida. El  linaje de un hada madrina puede provenir de dioses, elfos o enanos. Pero todas se preocupan de la misma forma por la moral y  por la evolución del carácter de sus protegidos. Ponen a prueba su paciencia y su humildad para que amen desinteresadamente y más allá de las apariencias, demuestren la profundidad de sus afectos. Estas hadas, aunque tienen poderes, no solucionan todo con su magia como la mayoría de la gente cree. El elegido tiene que ser receptivo a la tarea de su protectora y esforzarse en utilizar bien sus dones. La conjunción del poder de  las hadas que marcan y transforman el destino, más la virtud surgida del crisol de la prueba, hará alcanzar la armonía y la felicidad.


2/

Hay otro tipo de hadas madrinas que vienen como maestras sobreprotectoras. Enseñan mucho más que historia del traje. O cómo pintar un pleno con acrílicos y sombrearlo con liner. Enseñan a ser prácticos en la vida. A no perderse en el detalle y la perfección imposibles. A no quedarse en el vacío porque no sale como quisiéramos. A hacer lo que se puede con lo que se tiene. Hoy. Ahora. A sacar lo mejor de uno. A traspasar los propios límites. Cada uno claro, según sus capacidades y su sensibilidad. Enseñan sobre todo a no ir dejando proyectos y sueños por el camino porque nos  pasen cosas en la vida. ¿Hasta cuándo y hasta cuántas cosas vamos a dejar ir por un momento complicado? ¿De cuántas nubes de colores nos vamos a bajar?  Si hay algo cierto es que a todos nos ocurren sucesos importantes  que en algún momento requerirán nuestra máxima atención. Entonces nos enseñan a ser flexibles con nosotros mismos pero tampoco condescendientes. A perseverar en nuestros deseos más profundos. En  aquello que nos motiva a levantarnos cada mañana y a acostarnos muy pero muy tarde. Nos enseñan a darle poder a nuestro arte, cualquiera sea, con la propia individualidad. Con fe y amor. No se alcanza un verdadero logro, un éxito personal por un atajo, por la puerta del costado o por ascensor. Sino  con muchísimo trabajo, alegría y confianza. En uno y en el equipo que lo sostiene. Hasta que la turbulencia pase y el viento limpie y despeje. Y quede solo lo que debía permanecer en pie. Como una especie de selección natural. Entonces nuestra hada madrina nos  enseña a recibir aplausos con austeridad y humildad. Con agradecimiento , sobre todas las cosas.

martes, 6 de septiembre de 2016

Andy Williams - Moon River

Magia



Se mueve sin avisar, como en elipses. No se ve, pero se percibe porque traspasa el último de los siete cuerpos que tenemos todos. A la hora tres de Venus, cuando la luna y el sol coinciden bajo el signo de Capricornio, él la besa en la boca decidido. O ella a él. Nunca se sabe bien. En fin, se besan y todos los por qué encuentran sus razones. Siguen su curso normal . Es preciso y benéfico no actuar contra la naturaleza.