viernes, 10 de marzo de 2017

Steven Tyler - I don't want to miss a thing (Acoustic)

Para qué (IV)



Escribo (IV)

Para moverme por el mundo con ilusión.  Suscitar cuestiones enriquecedoras que de otro modo no me hubiera planteado. Conocer una perspectiva diferente y un modo más interesante de ver las cosas. Para que salga a la luz una parte mía que sólo emerge además con muy pocas amistades. Una parte que me gusta y me hace reir. Para darme permiso de tener una visión poética de todo lo que me rodea. Porque escribiendo afino mi  corazón para que escuche mejor.

Para crearme una vida hecha a medida. Contarle al universo y a mi misma qué me gusta o no. Que me molesta o me produce placer. Qué me gustaría tener más o menos. Y al escribirlo, sin darme cuenta, lo que necesito aparece. Los pensamientos se aclaran. Reorganizo mi vida con la paleta de colores que prefiero. Escribo para tener una guía por donde transitar mis sentimientos. Incluso aquellos que en un principio parecían inabarcables.

Para enfocar en la lejanía lo que está por venir. Las personas, las situaciones, los acontecimientos. Entrecierro los ojos y veo qué me interesa con mayor claridad. La escritura juega conmigo y danza entre la realidad y yo como observadora. Aquello que  intento poner en palabras, ya existe por si mismo, es real. Yo solo lo absorbo, lo decodifico sin quererlo. Le presto atención. Así vivo y voy asimilando la vida. Si no lo escribí, para mi casi como que no existe.

Para transformar las heridas y amarguras en arte. Como un remedio, una cura. Casi como un proceso alquímico. De un estrecho y mezquino plano cerebral, paso a un espacioso y pacífico corazón. 

Para reescribir mi vida. Con observación, invención, curiosidad y miedo. Me puedo inclinar a favor de algo y cooperar para que se produzca el cambio que deseo. Puedo darle a los personajes de mi obra los papeles que quiera. Permitir que el amor cambie de cara, de guión y hasta de reinventarlo para que tenga otro final. Elegir alguna de las infinitas posibilidades según el cuento que me quiera contar y la vida que quiera vivir. Puedo reeditarla. Cambiarle el vestuario, el diseño escenográfico, una banda sonora nueva. Hasta estirarle más capítulos o temporadas nuevas y terminarlo en el momento justo. Bajar el telón y volver a subirlo cuantas veces quiera.  Puedo escribir para configurar la obra, mi obra a medida que avanzo. Como una reunión de producción en la que vemos donde estamos, qué funciona y qué no y hacia dónde queremos ir. Entonces le puedo imprimir velocidad, cambiar de dirección, quitar o agregar personajes, extras o figurantes. Escribo y adoro este revuelo de creatividad. Recorrer el espacio escénico y decidir hacia dónde ir. Si quedarme cómoda en el centro, ir hacia los laterales un poco oscuros o estar siempre rozando el borde del escenario. El bordecito siempre es tentador. Es una aventura que elijo verla según  las palabras que use. A menudo ni siquiera sé con antelación hacia dónde va. Hasta que se escribe sola. Y ahí me doy cuenta.    

miércoles, 8 de marzo de 2017

Deseos



Un manto suave que me cubra para dormir. De terciopelo azul con estrellas pintadas que reflejen el cielo de esta noche. Que me iluminen y potencien el brillo que cuesta encontrar.  Y en la parte interna ostente  rosas rojas que se me peguen en la  piel. Que reaviven mi fuego. Aunque encendido, sigue  tibio y no llega a crepitar.  Un manto que me arrope y me cuide los sueños. Los de la noche y los del día de mañana. Para que entonces  los fantasmas aún vivos y los muertos que todavía siguen dando vueltas, se suelten para siempre. Como los amores desafortunados y pesados que ya no se pudieron cargar. O las concepciones a destiempo y faltas de amor. 

Deseos de liviandad y fluidez. De sanación natural, eso es seguro. Tal vez  con un cristal de Venus de tres pulgadas de largo y tres de ancho. O tres varas de avellano que sirvan para encontrar magia y señales en todo. Para poder ver bien el camino nuevo. Con los ojos limpios y claros y una mente lúcida y despierta. En una mañana radiante y creativa que me encuentre mirando hacia el Este.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Neurociencia



Sostiene que el amor atraviesa los mismos circuitos cerebrales que el chocolate y la cocaína.  Que activa las hormonas y neurotransmisores del placer.  Esto lo hace  obsesivo e irracional casi necesariamente. Recorre un viaje entre el placer de vivirlo y el dolor de su ausencia. Platón sin embargo, lo ubicaba en el corazón, pero con el mismo poder embriagador y compulsivo. Con las mismas alteraciones químicas, emocionales y espirituales. Un sueño febril generado por una combinación de oxitocina, dopamina y norepinefrina. Que inducen un estado de conciencia alterado clínicamente verificable.  Hacen sentir que hay algo mucho más grande y trascendente que nosotros mismos y nuestras preocupaciones sobre la existencia. Una noción de que hay algo que nos excede o nos rebalsa.

Ahora entiendo por qué no ha resultado sencillo dejarme alcanzar por Cupido. Necesito seguridad y confianza sin reparos para liberar oxitocina. O viceversa. Todo se reduciría a eso. Implicaría menos control personal, más relajación y apoyo en un otro. Altamente improbable. Gracias neurociencia por la ilustración.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Abel Pintos - La Llave

Amar en la noche de los tiempos



Y con lluvia. El sortilegio de Venus cobra vida y libera. Quita peso. Desafía confusiones y costuras dobles. Hace a un lado incertidumbres y sombras hilvanadas. Casi sin querer, como sin darse cuenta. Afloja cintas de seda, nudos y pesares. Desarma puntillas antiguas y nuevas amalgamadas. Descose una por una, todas las perturbaciones. Los broches, encajes y miedos. Suelta y embruja botones, sueños y suspiros. Un solo vestido que atesora risas y lágrimas. Emociones urdidas entre hilados de color rosa y bermellón. ¿Quién lo puede testimoniar? Una mesa y un árbol. Las rosas, las acacias y los jazmines. Todos enmudecieron de asombro por igual. En ese instante, que nadie sabe cuánto duró, el universo contuvo la respiración. La noche de los tiempos terminó en una madrugada de lluvia, entre un vestido y esos hilos de color rosa y bermellón.