" Write hard and clear about what hurts"
miércoles, 10 de agosto de 2016
Ernest Hemingway
" Write hard and clear about what hurts"
jueves, 4 de agosto de 2016
Platón
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miércoles, 3 de agosto de 2016
martes, 2 de agosto de 2016
Autocrítica
La revisión del último año de
posteos me hace dar cuenta de que me hago muchas preguntas. Todo lo cuestiono,
lo analizo y lo paso bajo la lupa. Lo curioso es que lo hago solo conmigo. Por
suerte. Me rindo examen todo el tiempo.
Lógicamente, con mi autoexigencia y mi perfeccionismo, nunca estoy conforme.
Siempre hay algún ajuste que hacer y otra manera mejor. Es útil y
necesario para crear empresas, llevar adelante el tratamiento de un hijo,
organizar una casa, una mudanza, una producción teatral…para todo en realidad.
Pero para el universo espiritual y emocional termina siendo agotador. ¿Por qué
no pensar que es todo perfecto así como está? Que las cosas suceden o no, mucho
más allá de mi voluntad o de mi accionar. Que no todo depende de mi. También
por suerte. Yo creo que es falta de confianza en mi poder personal y en los
deseos de mi alma. Tal vez tendría que
soltar todo de verdad y confiar. Vivir más liviana, más relajada. Descansar en que mi alma, mi espíritu, mi parte inmutable
y verdadera se manifiesta en todos mis deseos, emociones y sentimientos. Que busca a las personas y situaciones de las que tiene algo para aprender.
Confiar en mí. Traer de vuelta la practicidad alegre que en algún momento se me
diluyó entre tantas tareas y obligaciones. Tener conmigo el mismo cuidado que tengo con todo el mundo.
Para este año que ahora empiezo
me propongo viajar más liviana. Lo dejo escrito porque lo escrito queda, por si
me lo olvido en algún momento. Me voy a hacer muchas menos preguntas y dejar
que todo siga su curso. Confiar también en que el universo nos va mostrando los
caminos si estamos abiertos a ello. Me voy a tomar muchas más licencias
poéticas y muchísimos días de “mah si”. Me voy a ocupar más de mi y no pensar
tanto todo. Menos programación y organización. Menos buscar seguridades, porque no las voy a encontrar nunca. Y voy a perder la vida tras una quimera. Más riesgos. La vida es un riesgo. Si me desplomo bueno, tal vez no sea tan terrible y siempre voy a poder volver a levantarme. Cuando las emociones y sentimientos se saquen chispas con los
pensamientos, voy a minimizar la mente. Como si fuera una ventanita de Windows.
La dejo ahí, que descanse y no moleste . Besito, ya no pienses, descansá y
hasta mañana. Confiar. En mi corazón, en mi intuición. En Dios y en una energía
universal que ve mucho más allá que yo. Relajarme en eso. Estar en paz conmigo
y con todos. Ya me había olvidado en medio de tantas distracciones, pero es
realmente solo con el corazón que podemos experimentar una tranquilidad y una
alegría profundas. Ningún pensamiento,
obligación , convicción, ni creación mental o material puede con eso.
Relajarme.
Pensar menos. Confiar. Dejar ser. Lo escrito queda.
lunes, 1 de agosto de 2016
Un año, ya
RanaDeMar y yo vamos a cumplir un
año. De inadaptación constante. La ranita ya casi tiene vida propia tratando de
atesorar algo del día, que lo haga diferente del anterior y del próximo. Por
momentos me pareció que hablaba siempre de lo mismo, que contaba las mismas
cosas. Ahora “hojeando” al pasar veo la montaña rusa que ha sido. El diario
camuflado me resultó. Y no puedo creer la constancia que tuve. Yo, que salto de
una cosa a la otra. Mañana se lo voy a
recordar a mi Hemingway. Pensamos muchos nombres muy distintos. Mejor dicho, yo
hacía un brainstorming y durante un
mes más o menos, le cambié el nombre ocho veces por día. Nos reimos mucho de
eso. Cuando lo empecé, yo estaba forzosamente con poca actividad . Reposo y otra
gripe. Me costó muchísimo quedarme sin mi ajetreo diario, que era bastante. Pero
me sirvió para darme la posibilidad de ver las cosas de otra manera. Con otro
tiempo, otra tranquilidad. Apreciar cosas que están todos los días a nuestro
alcance y que sin embargo solemos verlas muy por encima. Apenas las sobrevolamos.
Nos quedamos con lo que salta a simple vista porque estamos corriendo de acá
para allá. O porque simplemente, no interesa. La mayoría de las personas (estoy convencida de esto) no le "hincan el diente" a la vida. Con estar más o menos tranquilos, más o menos bien y disfrutando también más o menos, van transcurriendo. Se conforman con eso. Nada que ver con que vibren al unísono con todos los electrones del universo. Ni con esperar sentir emociones intensas, que trasciendan la liviandad del momento. Yo obtuve el enorme privilegio de verlas de otra manera durante un
tiempo. Quedarme con lo más sustancioso de las situaciones y de las personas. Y
de encontrar algo de belleza en todo eso. Todas las cosas pueden tenerla de alguna
manera.
Recuerdo un día en que me dije a
mi misma que iba a tener que aferrarme a lo que me trajera vida. Pensé rápido
con el corazón y elegí tres. El violín, el diseño de vestuario de una ópera y
la escritura. Esto me trae vida. Y me la devuelve cuando a veces se me escapa
un poco. Pasaron tantas cosas que suena a un siglo y a la vez fue tan pero tan
rápido…Hubo días difíciles y pude rescatar algo bueno de cada uno. Si no lo
hiciera, no sería yo. Transformar un
dolor en algo lindo. Y hacer como un collage. Esta es mi felicidad y mi
satisfacción. Toda la vida que le dedico a las palabras, a las letras y a los
espacios vacíos entre ellas, me la devuelven multiplicada. Hubo noches en que me dormí
frente a la computadora. Cansada de un día largo, pero este era como mi spa
espiritual. Otras , no tenía ganas de
escribir, pero hacía un esfuerzo porque estaba casi segura de que mi príncipe me leía y me lo
iba a comentar. Ahora a la distancia lo veo con mucha más ternura. ¿No era muy
amoroso eso? Tan segura estaba entonces, como lo estoy ahora de que no lo hace
y por eso lo escribo. Un año repleto de todo tipo de emociones. Muy mio. De
deslumbramientos y decepciones. Magia y disgustos. Esperanzas. Sueños cortados
en pedacitos y tirados al viento más fuerte que pudo venir del sur. Todo eso
sigue sonando a mi misma en este espacio. Coherencia y verdad tiene. La
evolución y el crecimiento a los ponchazos, también se nota. En todo sentido. El diario camuflado se logró. Mañana le voy a
contar a Hemingway que nuestra ranita, que tanto costó tirarla al mar, llegó a
buen puerto. Aunque sigue en período de adaptación.
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martes, 26 de julio de 2016
Aceptación
Hace algunos años conocí a un
médico acupunturista japonés que se dedicaba a tratar el stress en todas sus
variantes. Decía que la falta de aceptación es la causa de toda enfermedad. Física,
mental o emocional. Lo recuerdo bien porque me llamó la atención el concepto.
Puede ser que tenga razón. Suele suceder que el “tratar de…” hace que
uno esté en permanente conflicto con uno mismo. Querer deshacerse de
situaciones o emociones no deseadas, pero no poder. Tratar de forzar otras que
hasta cierto punto funcionan, pero no tanto como sería de esperarse. El buscar
no sentir o no pensar en algo es inútil.
Definitivamente. Hasta puede ser peor y
convertirse en un tormento. Incluso habiendo sido algo bello. El japonés tenía
razón. Cuando uno llega a declararse completamente vulnerable frente a eso que
resiste y hasta como si fuera una
debilidad, es que se puede estar en paz. Andar liviana por la vida. Ya no hay lucha interna porque no hay
conflicto. No hay más tormento. Hay aceptación . En cierta forma pasa a ser
inobjetable. Ineludible. Es. Como si fuera el talón de Aquiles. Algo así se
siente. Y un poco de paz, de ternura o de belleza se puede ver en eso. Hay
tantas “cosas” de todo tipo rápidas, efímeras, superficiales, inconsistentes… ¿Cómo
no conmoverse cuando algo está tan arraigado y no se deja ir? Definitivamente
el ponja acupunturista tenía razón. Se acepta. Se lo deja ser como quiera o pueda.
Liberado a su suerte o su destino. Se transforma su lugar ganado. ¿Para qué? No
tengo la más remota idea. Tal vez quede como un bonito recuerdo y se termine
diluyendo en el tiempo. O no. ¿Cómo saberlo? Por lo menos ya no existe ese
estado de alarma y de incomodidad constante. Ya no molesta. A fin de cuentas,
por más que uno se empeñe en lo contrario, termina brillando como con luz
propia. No puede ser algo tan malo entonces.
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