miércoles, 10 de agosto de 2016

martes, 2 de agosto de 2016

Autocrítica



La revisión del último año de posteos me hace dar cuenta de que me hago muchas preguntas. Todo lo cuestiono, lo analizo y lo paso bajo la lupa. Lo curioso es que lo hago solo conmigo. Por suerte. Me rindo examen todo el tiempo. Lógicamente, con mi autoexigencia y mi perfeccionismo, nunca estoy conforme. Siempre hay algún ajuste que hacer y otra manera mejor. Es útil y necesario para crear empresas, llevar adelante el tratamiento de un hijo, organizar una casa, una mudanza, una producción teatral…para todo en realidad. Pero para el universo espiritual y emocional termina siendo agotador. ¿Por qué no pensar que es todo perfecto así como está? Que las cosas suceden o no, mucho más allá de mi voluntad o de mi accionar. Que no todo depende de mi. También por suerte. Yo creo que es falta de confianza en mi poder personal y en los deseos de mi alma. Tal vez tendría que  soltar todo de verdad y confiar. Vivir más liviana, más relajada. Descansar en  que mi alma, mi espíritu, mi parte inmutable y verdadera se manifiesta en todos mis deseos, emociones y sentimientos. Que busca a las personas y situaciones de las que tiene algo para aprender. Confiar en mí. Traer de vuelta la practicidad alegre que en algún momento se me diluyó entre tantas tareas y obligaciones. Tener conmigo el mismo cuidado que tengo con todo el mundo.

Para este año que ahora empiezo me propongo viajar más liviana. Lo dejo escrito porque lo escrito queda, por si me lo olvido en algún momento. Me voy a hacer muchas menos preguntas y dejar que todo siga su curso. Confiar también en que el universo nos va mostrando los caminos si estamos abiertos a ello. Me voy a tomar muchas más licencias poéticas y muchísimos días de “mah si”. Me voy a ocupar más de mi y no pensar tanto todo. Menos programación y organización. Menos buscar seguridades, porque no las voy a encontrar nunca. Y voy a perder la vida tras una quimera. Más riesgos. La vida es un riesgo. Si me desplomo bueno, tal vez no sea tan terrible y siempre voy a poder volver a levantarme. Cuando las emociones y sentimientos se saquen chispas con los pensamientos, voy a minimizar la mente. Como si fuera una ventanita de Windows. La dejo ahí, que descanse y no moleste . Besito, ya no pienses, descansá y hasta mañana. Confiar. En mi corazón, en mi intuición. En Dios y en una energía universal que ve mucho más allá que yo. Relajarme en eso. Estar en paz conmigo y con todos. Ya me había olvidado en medio de tantas distracciones, pero es realmente solo con el corazón que podemos experimentar una tranquilidad y una alegría profundas. Ningún pensamiento,  obligación , convicción, ni creación mental o material puede con eso. 

Relajarme. Pensar menos. Confiar. Dejar ser. Lo escrito queda.

lunes, 1 de agosto de 2016

Michael Buble - Fever

Un año, ya



RanaDeMar y yo vamos a cumplir un año. De inadaptación constante. La ranita ya casi tiene vida propia tratando de atesorar algo del día, que lo haga diferente del anterior y del próximo. Por momentos me pareció que hablaba siempre de lo mismo, que contaba las mismas cosas. Ahora “hojeando” al pasar veo la montaña rusa que ha sido. El diario camuflado me resultó. Y no puedo creer la constancia que tuve. Yo, que salto de una cosa a la otra.  Mañana se lo voy a recordar a mi Hemingway. Pensamos muchos nombres muy distintos. Mejor dicho, yo hacía un brainstorming y durante un mes más o menos, le cambié el nombre ocho veces por día. Nos reimos mucho de eso. Cuando lo empecé, yo estaba forzosamente con poca actividad . Reposo y otra gripe. Me costó muchísimo quedarme sin mi ajetreo diario, que era bastante. Pero me sirvió para darme la posibilidad de ver las cosas de otra manera. Con otro tiempo, otra tranquilidad. Apreciar cosas que están todos los días a nuestro alcance y que sin embargo solemos verlas muy por encima. Apenas las sobrevolamos. Nos quedamos con lo que salta a simple vista porque estamos corriendo de acá para allá. O porque simplemente, no interesa. La mayoría de las personas (estoy convencida de esto) no le "hincan el diente" a la vida. Con estar más o menos tranquilos, más o menos bien y disfrutando también más o menos, van transcurriendo. Se conforman con eso. Nada que ver con que vibren al unísono con todos los electrones del universo. Ni con esperar sentir emociones intensas, que trasciendan la liviandad del momento.  Yo obtuve el enorme privilegio de verlas de otra manera durante un tiempo. Quedarme con lo más sustancioso de las situaciones y de las personas. Y de encontrar algo de belleza en todo eso. Todas las cosas pueden tenerla de alguna manera.
  
 Recuerdo un día en que me dije a mi misma que iba a tener que aferrarme a lo que me trajera vida. Pensé rápido con el corazón y elegí tres. El violín, el diseño de vestuario de una ópera y la escritura. Esto me trae vida. Y me la devuelve cuando a veces se me escapa un poco. Pasaron tantas cosas que suena a un siglo y a la vez fue tan pero tan rápido…Hubo días difíciles y pude rescatar algo bueno de cada uno. Si no lo hiciera, no sería yo.  Transformar un dolor en algo lindo. Y hacer como un collage. Esta es mi felicidad y mi satisfacción. Toda la vida que le dedico a las palabras, a las letras y a los espacios vacíos entre ellas, me la devuelven multiplicada. Hubo noches en que me dormí frente a la computadora. Cansada de un día largo, pero este era como mi spa espiritual. Otras , no tenía  ganas de escribir, pero hacía un esfuerzo porque estaba casi segura de que mi príncipe me leía y me lo iba a comentar. Ahora a la distancia lo veo con mucha más ternura. ¿No era muy amoroso eso? Tan segura estaba entonces, como lo estoy ahora de que no lo hace y por eso lo escribo. Un año repleto de todo tipo de emociones. Muy mio. De deslumbramientos y decepciones. Magia y disgustos. Esperanzas. Sueños cortados en pedacitos y tirados al viento más fuerte que pudo venir del sur. Todo eso sigue sonando a mi misma en este espacio. Coherencia y verdad tiene. La evolución y el crecimiento a los ponchazos, también se nota. En todo sentido.  El diario camuflado se logró. Mañana le voy a contar a Hemingway que nuestra ranita, que tanto costó tirarla al mar, llegó a buen puerto. Aunque sigue en período de adaptación.

martes, 26 de julio de 2016

Aceptación



Hace algunos años conocí a un médico acupunturista japonés que se dedicaba a tratar el stress en todas sus variantes. Decía que la falta de aceptación es la causa de toda enfermedad. Física, mental o emocional. Lo recuerdo bien porque me llamó la atención el concepto. 

Puede ser que tenga razón. Suele suceder que el “tratar de…” hace que uno esté en permanente conflicto con uno mismo. Querer deshacerse de situaciones o emociones no deseadas, pero no poder. Tratar de forzar otras que hasta cierto punto funcionan, pero no tanto como sería de esperarse. El buscar no sentir o no pensar en algo es  inútil. Definitivamente. Hasta puede ser  peor y convertirse en un tormento. Incluso habiendo sido algo bello. El japonés tenía razón. Cuando uno llega a declararse completamente vulnerable frente a eso que resiste  y hasta como si fuera una debilidad, es que se puede estar en paz. Andar liviana por la vida. Ya no hay lucha interna porque no hay conflicto. No hay más tormento. Hay aceptación . En cierta forma pasa a ser inobjetable. Ineludible. Es. Como si fuera el talón de Aquiles. Algo así se siente. Y un poco de paz, de ternura o de belleza se puede ver en eso. Hay tantas “cosas” de todo tipo rápidas, efímeras, superficiales, inconsistentes… ¿Cómo no conmoverse cuando algo está tan arraigado y no se deja ir? Definitivamente el ponja acupunturista tenía razón. Se acepta. Se lo deja ser como quiera o pueda. Liberado a su suerte o su destino. Se transforma su lugar ganado. ¿Para qué? No tengo la más remota idea. Tal vez quede como un bonito recuerdo y se termine diluyendo en el tiempo. O no. ¿Cómo saberlo? Por lo menos ya no existe ese estado de alarma y de incomodidad constante. Ya no molesta. A fin de cuentas, por más que uno se empeñe en lo contrario, termina brillando como con luz propia. No puede ser algo tan malo entonces.